1816: el “año sin verano” y el declive de la insurgencia mexicana

Durante este año hemos olvidado el bicentenario de algunos sucesos ocurridos en México hace dos siglos, en 1816, los cuales si bien no son tan gloriosos o fastuosos, son sucesos de cierto interés para nuestra historia.

En abril de 1815, el volcán “Tambora” de Indonesia hizo repentina erupción, arrojando inmensas nubes de polvo y ceniza a la atmósfera, mismas que dieron la vuelta a la Tierra en dos semanas. Las partículas quedaron suspendidas en el aire, por lo que un velo casi invisible de cenizas cubrió el planeta, enfriando las temperaturas y generando estragos climáticos en todo el orbe, como heladas y nevadas atípicas que destruyeron campos de cultivo y causaron mortandad en poblaciones de ganado. Estos efectos se notaron hasta 1816, por lo que tristemente se conoce a éste como “el año sin verano” (fue durante esos días fríos que ensombrecieron el verano europeo, que la novelista Mary Shelley concibió el relato de Frankenstein; pero esa es otra historia).

Se ha dicho que México también sufrió estragos de esta “pequeña edad de hielo” pues fue un fenómeno planetario; eso es indiscutible, pero hacen falta estudios que demuestren realmente cómo afectó nuestro país. Lo cierto es que durante este annus horribilis la insurgencia mexicana también vivió tiempos aciagos pues el movimiento iniciado por el cura Miguel Hidalgo en 1810 entró en decadencia. Unos meses antes José María Morelos había sido fusilado y poco después fue disuelto el Congreso de Chilpancingo. Sólo quedaban en pie de lucha algunas guerrillas encabezadas por Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y otros jefes militares que habían acompañado a Morelos. Comenzaba así un periodo de pacificación forzada (en términos conceptuales se llamaría “de paz negativa”) para la Nueva España, que prácticamente duraría hasta la consumación de la Independencia en septiembre de 1821.

Ahora bien, ¿por qué es potencialmente importante el vínculo entre “el año sin verano” y el movimiento insurgente? Los historiadores concuerdan en que si bien este último culminó con la liberación de la Nueva España del yugo colonial español, también significó una especie de terremoto que devastó al país y lo dejó en un estado de ruina y miseria tales que no se pudo comenzar a recuperar sino hasta medio siglo después. Pero habría que precisar cuánta de esta destrucción fue provocada por factores externos, como las consecuencias del año sin verano, y cuánta fue originada por los efectos de la guerra.

Dicho de otra manera, así como no todas las muertes de la década de 1910 son atribuibles a la Revolución mexicana, sino también a la epidemia mundial de influenza de 1918 (responsable de la tercera parte de ellas), y sin pretender negar los efectos desastrosos de la guerra de Independencia, sostengo que entre 1810 y 1821 dicha guerra no llegó a toda la Nueva España, que hubo espacios y tiempos de paz en que la gente no supo de insurgentes y realistas, y que más bien sufrió a causa de la violencia que la propia naturaleza ejerce sobre sí misma, como cuando hace erupción un volcán. Análisis de este tipo evitarían que siguiéramos contando la historia solo a partir de las guerras.

Dato de paz: Provenientes de Alaska, después de una travesía de 4 meses, la semana pasada llegaron a Toluca corredores representantes de 35 etnias del mundo que participan en las Jornadas de la Paz y Dignidad, las cuales se realizan cada 4 años desde 1992, cuyo objetivo es “unir a las naciones en un solo rezo por la Madre Tierra” y que en esta ocasión están dedicadas a las semillas. Los corredores llegarán hasta Panamá en el mes de noviembre.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 15 de septiembre de 2016 en el periódico

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El alma popular violentada

Finalmente cedí a la tentación de subirme al tren para hablar de los incidentes que la semana pasada tocaron fibras sensibles de la población y perturbaron lo que se puede llamar el “alma popular”, como la crítica del ahora ex director de TV UNAM, Nicolás Alvarado, a la música y “lentejuelas nacas” de Juan Gabriel (cuya muerte lloramos todos en México), a quien considera “uno de los letristas más torpes y chambones en la historia de la música popular”. Alvarado ejerció su derecho a expresarse con libertad, pero debió enfrentarse a las críticas de los millones de seguidores que tiene el ídolo. Ahora bien, si la crítica hubiera servido para expresar sólo su disgusto por la música de Juan Ga, tal vez no hubiera sido tan “linchado” como lo fue; el problema es que fue una crítica discriminatoria, escrita con un lenguaje vulgar (raro para un personaje considerado culto), que incluso provocó una reconvención de la CONAPRED y hasta una petición en la plataforma Change.org para su destitución.

Puede haber a quienes no guste un ídolo popular, pero no es buena idea descalificar sus cualidades artísticas, estéticas, literarias o musicales sin saber de él, mucho menos si ese ídolo ha entrado en el alma y el hogar de la gente. Días antes había muerto también Evita Muñoz “Chachita”, famosa actriz de la Época de Oro del cine mexicano. Sobre ella, el escritor Rafael Aviña dijo que “era más importante que Pedro Infante”. Esta afirmación pasó desapercibida, lo que se explica porque definitivamente Chachita no es más importante que Pedro Infante en el gusto popular y además porque su fallecimiento fue opacado la muerte del Divo de Juárez. Y es que ídolos a la altura de Pedro Infante, como José Alfredo Jiménez, Cantinflas, Tin Tán, María Félix, Chespirito, el propio Juan Ga, contribuyeron a formar la educación sentimental del mexicano, elemento esencial de la cultura popular forjada al calor del nacionalismo revolucionario del siglo XX y que en plena era posmoderna sigue presente en nuestra realidad cotidiana; es parte de lo que podríamos llamar el “alma popular”, aquella porción sensible e inmaterial del ser mexicano, a la que es mejor no violentar para preservar la paz anímica de nuestros paisanos.

Recuerdo cuando en el año 1996 Guillermo Schulenburg, último Abad de la Basílica de Guadalupe, negó la existencia de Juan Diego por no estar comprobada y, por ende, negó las apariciones de la Virgen. El tema generó rechazo popular aunque, al no ser tiempos de internet, el Abad se salvó de ser linchado. No obstante, después de 500 años de culto guadalupano, me parece inútil hacer público un posicionamiento que sólo interesa a historiadores e increyentes pues hay mitos que ya forman parte de nuestra historia y hay de aquel que dude de ellos (y más tratándose de la Virgen Morena).

Con todo esto no justifico la existencia de una mayoría tiránica que coarte la libertad de expresión, pero creo que la mayoría que adora a Juan Gabriel no se equivoca, no es tiránica sino consensuada. Mejor hay que analizar detenidamente las razones por las que se adoran ídolos sin violentar el alma popular, mucho menos cuando la gente está de luto, con la sensibilidad a flor de piel y el ánimo por los suelos (y además usa redes sociales).

Dato de paz: la visita de Trump a nuestro país afectó profundamente el alma popular mexicana en un momento de duelo por la muerte de Juan Gabriel, además de que prácticamente boicoteó el Informe del Presidente. Se debe entender que esta alma late y es muy sensible como para que le anden pateando el perro de Trump (sin ofender a los canes, claro).

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 8 de septiembre de 2016 en el periódico

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México en el Índice de Paz Global 2016

Hace unas semanas salieron los resultados del Índice de Paz Global 2016. Como su nombre lo indica, es un referente que mide el nivel de paz existente en un país. La idea original es del empresario Steve Killelea y lo elaboran expertos del Centro de Estudios para la Paz y Conflictos de la Universidad de Sidney y el Instituto para la Economía y la Paz de Australia, con apoyo de la Unidad de Inteligencia del periódico británico The Economist. Para elaborar el indicador se toman en cuenta parámetros como guerras internas o externas y muertos en ellas; nivel de conflictos, inestabilidad política, manifestaciones violentas, criminalidad y actos terroristas; número de cuerpos de policía, de seguridad y militares, de desplazados, homicidios y encarcelados; respeto por los derechos humanos; importaciones y exportaciones de armas; gasto militar en relación al PIB y financiamiento de misiones de paz de la ONU.

Tradicionalmente los países europeos han sido los mejor evaluados y este año no fue la excepción, lo que nos indica que las democracias occidentales evitan hacerse la guerra entre ellas. Sin embargo, esto no significa que varias de ellas (Reino Unido, Francia, Alemania, a las que se suma Estados Unidos) no estén implicadas en conflictos bélicos en otros países, como en aquellos del Medio Oriente, Península Arábiga, Indochina, África Subsahariana y ex Repúblicas soviéticas, que resultan ser los peores evaluados. En los últimos años México se ha estado acercando a éstos pues para este año ocupa el lugar 140 de 163 países, con una calificación similar a Mali, Filipinas, Egipto, Venezuela e Israel, y por debajo de otros países conflictivos como Irán, Chad, Arabia Saudita, Sudáfrica, China, Tailandia y Ruanda (este último conocido por el genocidio de un millón de personas en 1994). Además, nuestro país ha empeorado progresivamente su posición en el ranking pues en 2007, año en que comenzó a medirse, ocupó la posición 79 y a partir de ese año ha ido cayendo.

Las ventajas del índice de inmediato saltan a la vista pues su evolución en México indica que definitivamente la violencia se ha incrementado. No obstante los parámetros de medición que utiliza tienen que ver sobre todo con aspectos de la “paz negativa”, es decir con la ausencia de violencia bélica y criminal, sin tomar en cuenta otros aspectos ligados con la violencia estructural y cultural. Por ello sus mismos creadores reconocen que la paz también se correlaciona con otros temas como el nivel de marginación y pobreza; el ingreso de las familias; su bienestar social, educativo y sanitario; los movimientos migratorios y de desplazados; la identidad; la corrupción, entre otros que son referentes de lo que se conoce como “paz positiva”, es decir, una situación en que los conflictos entre los humanos y su entorno se resuelve por vías pacíficas, por lo que en el futuro la medición del Índice deberá incorporar estos elementos.

En México, la mal llamada “guerra contra las drogas” y la gran cantidad de muertes violentas que ha provocado, ha sido factor determinante para que el nuestro se ubique como uno de los países menos pacíficos en el mundo. A pesar de ello y contra cualquier opinión catastrofista, sostengo que no todos los mexicanos vivimos en guerra. Sobre el tema abundaré en entregas posteriores.

Nota de paz: En La Habana, Cuba, la guerrilla de las FARC y el gobierno de Colombia firmaron el pasado 24 de agosto el acuerdo final de paz que pone fin a 52 años de hostilidades. El acuerdo tiene muchos detractores (como el ex presidente Álvaro Uribe) y aún falta sortear varios obstáculos para que la paz se consolide, pero el proceso sigue por buen camino, amén de que no está de más recordar que “siempre es mejor un mal arreglo que un buen pleito”.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 1 de septiembre de 2016 en el periódico

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Reflexiones en torno al plagio de textos académicos

A partir de mi experiencia como asesor de tesis en diferentes universidades y a raíz de la noticia de que el presidente Peña plagió su tesis de licenciatura, realizaré las siguientes reflexiones sobre textos académicos, comenzando por aclarar que el plagio de ideas de cualquier índole es reprobable y debe ser sancionado. Dicho lo anterior, es difícil que los alumnos hagan aportaciones relevantes a la ciencia que estudian, a pesar de lo que establezca la normatividad de las instituciones educativas. Y si ya es difícil que aporten algo, a la mayoría se les complica aún más escribir, así sea su nombre, tanto que en los últimos años se ha generalizado la modalidad de titulación por CENEVAL, que consta sólo de un examen convencional, aunque de mayor extensión.

Por ello, entre las tareas que debe llevar a cabo un buen director de tesis está detectar cuándo un estudiante copia textos. Hay una fórmula infalible (con sus honrosas excepciones): si están bien escritos debe dudar e interrogar al alumno para que confiese dónde obtuvo la información, la mayoría de veces son “fusiles” y el revisor no siempre los identifica de inmediato. Una vez que lo hace no se crucifica al alumno, se le exhorta a usar (y en muchos casos se le debe enseñar) un sistema de citación y a elaborar citas textuales y paráfrasis, a fin de señalar que las ideas no son suyas pero sirven de soporte al trabajo. A continuación, cuando el trabajo comienza a tener errores, es porque tal vez el alumno ya hace el esfuerzo de escribir ideas con palabras propias, así sean inspiradas por otros autores. Esto es un indicador de que una tesis podría tener éxito (al menos es garantía de que no será rechazada por plagio) y que podría aportar algo mínima o medianamente innovador en su propuesta final.

Digo lo anterior porque el plagio de textos es común y las propuestas para combatirlo son más punitivas que preventivas. Pero, bajo el principio de que “nada hay nuevo bajo el sol” y de que no todos los estudiantes son brillantes, tampoco debemos desgarrarnos las vestiduras pues muchas veces un título es lo único con lo que cuentan para medio defenderse en la vida, por ello siempre he evitado ser un asesor fundamentalista que sacraliza la academia, en cambio he tratado de guiarlos para que minimicen el plagio y desarrollen ideas, aunque sean de otros, con palabras propias. Por todo ello y por la baja calidad en los alumnos que debemos atender, opté por aprobar tesis que demostraran un orden lógico mínimo y un nivel aceptable de paráfrasis y uso de referencias.

En el caso de Peña lo que veo es un alumno promedio con regular capacidad académica, que hizo tesis dirigida por un mal asesor y presentada frente a un peor sínodo pues alguien debió darse cuenta de los errores y no dejarlo avanzar hasta que corrigiera, por lo que también tienen responsabilidad y aquel que no tome en cuenta ésto o diga lo contrario es injusto. Con ello no defiendo ni disculpo a Peña y a otros políticos, ni abono al debate sobre si deben renunciar como en otros países, pues si bien es válido hacer escrutinio académico, también creo que “tesis no es destino” y en todo caso los errores de Peña que afectarían al país los cometió hace 25 meses, no hace 25 años (lo único cierto es que este asunto, como dice León Krauze, confirma que el tema central de las elecciones 2018 será el comportamiento ético de los candidatos).

De lo que si estoy seguro es de que usar las tesis como armas para afectar intereses, así sean de un presidente con bajo nivel de popularidad, lo que hace es seguir fomentando el miedo por la metodología, por la escritura y ahora también por el futuro; la ventaja es que tal vez las figuras públicas comiencen a cuidar lo que escriben pues, como dice mi hermana que también es maestra: “si quieres destacar en la vida, mejor no plagies ya que te pueden descubrir”.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 25 de agosto de 2016 en el periódico

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El racismo mexicano

Paradójicamente, los juegos olímpicos son ocasiones propicias para recordar y observar actitudes racistas en el mundo. Y digo “paradójicamente” pues los juegos olímpicos, que deben potenciar valores como la amistad, la solidaridad y el respeto entre pueblos y naciones, no han estado exentos de manifestaciones racistas. El caso emblemático es el de las Olimpiadas de Berlín 1936, cuando Hitler se encolerizó por la derrota de los deportistas alemanes considerados de raza “superior” y el triunfo de atletas “inferiores”, en especial de judíos y negros como el norteamericano Jesse Owens.

Pero una cosa es que un dictador totalitario como Hitler haya sido el ejemplo extremo de político racista y otra es que supuestos ciudadanos instruidos y libres, de países supuestamente democráticos, manifiesten actitudes racistas. Es lo que pasa con aquellos norteamericanos que gracias al Partido del Té y a políticos como Donald Trump han dejado aflorar sentimientos profundos que por años han escondido; la noticia no es que los gringos sigan siendo racistas sino que se habían tardado en volver a manifestarlo con fuerza. Pasa lo mismo con mexicanos que, a pesar de embarrarse la boca hablando de sus raíces indígenas, sólo veneran indígenas muertos como Moctezuma y Cuauhtémoc, pero a los vivos los discriminan. Pero el colmo de los colmos lo observamos con la discriminación a los no indígenas como la gimnasta Alexa Moreno, a quien criticaron por no ser como otras gimnastas rusas, checas, holandesas, inglesas, rumanas, gringas, es decir rubias, blancas, de ojos claros y delgadas.

Desafortunadamente el racismo tiene una larga historia en nuestro país desde la época de la Colonia. Este es el argumento de Federico Navarrete en su libro México racista. Una denuncia (Grijalbo, 2016). Dice que “Nadie se considera racista en México, pero todos hacen bromas”, que en la vida privada se utilizan expresiones como “naco, puto o vieja”, que parecen inofensivas pero están cargadas de prejuicio y tienen efectos violentos. Afirma que el mestizaje es una leyenda que no superó las diferencias raciales, que colocó a los indígenas aparte (y yo añadiría que también apartó a los negros) e hizo una distinción entre blancos y “menos blancos”. De igual forma habla de una “necropolítica de la desigualdad” al descubrir la existencia de un vínculo entre la mal llamada guerra contra el narcotráfico y el racismo, y argumenta que “A las muertas de Juárez no las asesinaron por ser morenas. Las mataron por ser mujeres, pero su muerte importó menos porque eran morenas, esa es la tragedia…”.

Por su parte, la escritora Alma Delia Murillo en su cuento Lady Gargajo, ejemplifica el habla coloquial del mexicano racista y lo hace a través del relato de un mesero que es insultado por una comensal que se siente superior: “La fulana nos dijo de todo: que mi compañero era un indio que no entendía español, que si ella quería podía comprarnos, que éramos unos gatos que nunca íbamos a pasar de sirvientes, que pobres nacos, gente sin educación, que no le hacíamos un favor que para eso paga, que por culpa de nosotros este país está como está y así”. ¿Les suena conocido este relato?

Es por todo ello que Navarrete propone fortalecer las Comisiones Nacionales para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) y de Derechos Humanos (CNDH); hacer campaña social para no comprar productos con publicidad racista y favorecer a los que muestren publicidad inclusiva; presionar a las televisoras para que no sólo muestren protagonistas güeros en sus programas; hacer visibles a todas las personas sin distinción de colores; y llama a todos a combatir la discriminación y el racismo en nuestra vida pública y privada.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día jueves 18 de agosto en el periódicologo-sol-de-toluca

Desperdicio del bono demográfico y jóvenes mammonis

Un verso que los maduros y viejos hemos convertido en refrán para expresar la nostalgia que sentimos por algo, es del poeta nicaragüense Rubén Darío y es el primer verso de un poema escrito en 1905 que comienza diciendo “Juventud, divino tesoro/¡ya te vas para no volver!” Efectivamente este poema (“Canción de otoño en primavera”) se refiere a la melancolía que produce a las personas perder la juventud, una edad de oro en la que todo parece posible y el futuro es un lugar prometedor… O al menos así se consideraba hasta hace unos años en que la realidad no era tan temible y el mundo aún era un lugar habitable.

No me parece que el nuestro sea el mejor tiempo para ser joven (a pesar de lo que digan los expertos en autoayuda y superación personal, así como diversas organizaciones e instituciones), pues a los problemas de rechazo por su falta de madurez, responsabilidad y experiencia (que siempre han existido), se suman otros más graves que nublan sus perspectivas de futuro: por un lado el desperdicio del “bono demográfico”, es decir, la gran contribución de personas entre 15 y 29 años a la vida productiva del país, y por el otro, sus pocas posibilidades de desarrollo e independencia para una vida plena y madura.

Respecto al bono demográfico (cuando la población trabajadora supera a la dependiente, representando menor carga social e impulsando el crecimiento económico), diversos especialistas coinciden en que nuestro país lo ha estado desperdiciando al no mejorar la educación ni brindar mayores oportunidades de desarrollo a los jóvenes, provocando el aumento de “ninis”, migración, empleos mal remunerados y que se sumen al crimen organizado como vía para progresar. No obstante también dicen que a dicho bono le quedan unos años para ser aprovechado, hasta la década de 2020 antes de que los dependientes rebasen a la población productiva, por lo que a pesar de todo México no estaría tan mal como, por ejemplo, la Unión Europea, donde el desempleo de jóvenes es de 5 de cada 10, mientras que en México es 1 de cada 10, por lo que los europeos piensan, por primera vez después de la segunda guerra mundial, que las generaciones de jóvenes vivirán peor que las de sus padres.

Por su parte, un estudio realizado por Dada Room (principal plataforma para compartir departamento), indica que en México los jóvenes se independizan del seno familiar en promedio a los 28 años; de hecho los países latinos es donde más años pasan los jóvenes con sus padres (Perú 29, Argentina 28, Colombia y Chile 27, Brasil 25), mientras que en países con mayor desarrollo pasan menos años (EEUU 25, Francia 23, Suecia 20); el motivo principal por el que los mexicanos se independizan más tarde es el económico pues tendrían que gastar la mayor parte de su ingreso promedio (entre 5 y 10 mil pesos al mes) en rentar un departamento. El estudio no habla de otros países pero Eurostat (oficina de estadística europea) indica que los jóvenes se independizan a los 21 en Dinamarca, 22 en Finlandia, 23 en Holanda y, acorde con su situación de crisis, a los 28 en España. Y en Italia estos jóvenes dependientes hasta reciben nombre especial: “mammoni”, el joven que aún vive con su querida “mamma”, siendo mammonis el 60% de los jóvenes italianos, una cantidad abrumadora.

En fin, no deseo ser aguafiestas ni sonar muy trágico en el Día Internacional de la Juventud a celebrarse el 12 de agosto, pero las generaciones de jóvenes que intentan abrirse paso en la vida tienen de por sí un presente complicado y el futuro no les pinta nada halagüeño. Aunque para otras cosas (deporte, sexo, aventura, fiesta, amor), la juventud siempre será un divino tesoro…

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el 11 de agosto de 2016

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Paz, Olimpiadas y malestar social

El inicio de las Olimpiadas siempre genera emoción en todo el mundo y los juegos de Río Janeiro 2016 no son la excepción. Desde la Antigüedad clásica en la ciudad griega de Olimpia (de allí el nombre con que actualmente se conocen), entre el 776 antes de Cristo y el 393 de nuestra era, se realizaron fastuosos encuentros deportivos para celebrar a los dioses y sembrar la paz en las polis ya que unos días antes de comenzar se enviaban embajadores para declarar una tregua sagrada. Desde 1896 las Olimpiadas modernas también han promovido la paz mundial. Es universalmente conocido el espíritu que las anima: “lo importante no es ganar sino competir” (frase de su fundador, el Barón de Coubertin), el cual privilegia la práctica del deporte y no el resultado (la victoria o la derrota). A su vez el símbolo de los cinco aros entrelazados representa la diversidad de culturas, la interculturalidad y la convivencia entre los humanos. Y siguiendo la tradición clásica, recientemente el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, llamó a todos los países en conflicto a respetar la tregua olímpica para “silenciar el sonido de las balas”. En suma, los juegos potencian valores como la amistad y hermanamiento entre los pueblos, el respeto entre las naciones y la solidaridad entre la raza humana.

No obstante se antoja muy difícil, casi imposible, que alguno de los países en guerra ceda a sus pretensiones bélicas. La historia también nos ha demostrado la intromisión de la violencia en los juegos, como cuando fueron suspendidos en 1916, 1940 y 1944 por las Guerras Mundiales; el asesinato de atletas judíos por terroristas palestinos en Berlín 1972; o los boicot políticos: de Estados Unidos y sus aliados capitalistas a las Olimpiadas de Moscú 1980 y de la Unión Soviética y sus aliados comunistas a las de Los Ángeles 1984. Además, desde hace años el tema del dopaje también afecta a los juegos, llegando al extremo de que para 2016 la delegación rusa de atletismo ha sido vetada para participar en los mismos (lo que inevitablemente recuerda los tiempos de la Guerra Fría).

Las Olimpiadas de Río a punto de comenzar no están exentas de sufrir violencia (de hecho las autoridades brasileñas han informado la desactivación de células terroristas), pero además arrastran un elemento negativo adicional: el malestar social de los brasileños por unos juegos que se perciben onerosos y corruptos en un contexto de crisis económica (tipo de malestar que ya había asomado desde Pekín 2008), aunado al descontento por la destitución de su presidenta legítima, Dilma Rousseff y, para colmo, por el virus del zika que amenaza extenderse y hacer estragos en todo el planeta. Se ha discutido si esta situación de malestar se parece al contexto previo a los juegos de México 1968, pero creo que son cosas diferentes: en México el descontento surgió por la actitud autoritaria del presidente Díaz Ordaz (hay que recordar los abucheos de la gente en el estadio olímpico), mientras que en Brasil el descontento es con los propios juegos. Ya veremos qué pasa desde la misma inauguración.

Con todo, estoy seguro que las Olimpiadas de Río 2016 serán una gran fiesta pacífica para los brasileños y para el mundo, en la que estaremos involucrados y emocionados incluso quienes corremos los 100 metros planos en una hora…

Dato de paz: El conductor Carlos Loret piensa que la demanda empresarial al gobierno federal por su omisión frente a las protestas de la CNTE es un acto de “desobediencia civil”. Nada más alejado de la realidad: dicha demanda es un acto legal, mientras que la desobediencia civil es una transgresión a una ley que se considera injusta y quien la transgrede acepta recibir castigo. Creo que el conductor debe conocer los temas de paz para no desinformar a la gente.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 4 de agosto de 2016 en el periódicologo-sol-de-toluca

La sociedad civil y el perdón presidencial

Se ha hablado hasta el cansancio sobre el “perdón” que el presidente Peña pidió la semana pasada a los mexicanos por la “percepción” que generó en la opinión pública la compra de la famosísima “Casa Blanca” y porque “este error” lastimó la investidura presidencial, dañó la confianza en el gobierno y causó agravio e indignación, todo lo cual remató con las palabras que finalmente representan el fondo del asunto: “Cada día estoy más convencido y decidido a combatir la corrupción”. Pues bien, de antemano también pido perdón a los lectores ya que me sumaré a los ríos de tinta que corren sobre el tema.

Pero no me sumaré a la ola de críticas y censuras del perdón presidencial, pues la mayoría de la opinión pública lo ha hecho con razones válidas. ¿Que el perdón presidencial llega tarde? Si, de acuerdo, pero al menos llegó. ¿Que no se debe perdonar al régimen? Cada quien otorgará su perdón o no de acuerdo a las acciones anticorrupción que se realicen en estos dos últimos años. ¿Qué el Sistema Nacional Anticorrupción como se aprobó es insuficiente? Por supuesto, por ello las organizaciones anticorrupción ya han “amenazado” con presionar hasta lograr que se modifique y perfeccione. ¿Que el perdón obedece a un cálculo del costo-beneficio político? Seguramente sí, y aun así hay que reconocer que el voto de castigo de las pasadas elecciones sirvió para que se diera el perdón y para que el presidente del PRI presentara su declaración 3de3, a pesar de la renuencia de su partido por hacerla obligatoria. Por ello me quiero enfocar en otro tema: el papel de la sociedad civil mexicana.

Los opinantes han referido ya que sólo hay dos precedentes de ex mandatarios que han pedido perdón: uno es José López Portillo, quien en 1982 pidió perdón “a los desposeídos y marginados” por no haberlos sacado de su pobreza; el otro es Felipe Calderón, quien en 2011 pidió perdón a los familiares de víctimas por no haberlas protegido y no haber actuado contra los criminales. Pero ojo: estas disculpas no se refirieron a posibles actos de corrupción. En este sentido habría que buscar similitudes con otros mandatarios que, si bien no pidieron perdón, diagnosticaron correctamente el problema, como Adolfo Ruiz Cortines, quien comenzó su sexenio en 1952 con las primeras medidas anticorrupción y una política de austeridad y moralización debido a los excesos cometidos por el “presidente empresario”, Miguel Alemán Valdés; posteriormente Miguel de la Madrid presentó en 1982 su política de “Renovación moral” y creó la Secretaría de la Contraloría, ante la corrupción desmedida del sexenio Lópezportillista. Pero existe una diferencia abismal entre las “moralizaciones” emprendidas por los expresidentes y el perdón peñista: aquellas provinieron del propio gobierno y éste último fue resultado del malestar de la sociedad civil (malestar que comenzó a observarse desde el año 2000 con el voto de castigo contra el PRI, mismo que puso a Vicente Fox en la presidencia y dio paso a la alternancia).

¿Qué significa lo anterior? En principio significa que dicha sociedad civil cuenta con diversos canales para expresar críticas y descontentos, que tienen abiertos los micrófonos en los medios y que la presión de la opinión pública sí sirve para que los gobiernos acusen recibo de lo que ésta percibe que va mal. Creo que esto habla, a pesar de sus detractores y con todo lo decepcionante que nos haya parecido, de una democracia que bien o mal funciona. Por ello estoy de acuerdo con Enrique Krauze cuando reconviene a “quienes ahora no valoran a esta frágil y joven e imperfectísima democracia y quienes no se dan cuenta que esto es mejor con todo, que lo que teníamos antes de un partido único”. No son logros menores, por ello lamento que en este debate tenga más peso el discurso del odio y el que se subestimen los alcances de la sociedad civil.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 28 de julio de 2016 en el periódicologo-sol-de-toluca

Cultura, jóvenes y terrorismo

Si aún cabía la duda de que los últimos atentados terroristas en Francia están dirigidos ya no sólo a las instituciones económicas (World Trade Center, estaciones de tren, puertos, carreteras) y diplomáticas (embajadas, clubes) y a centros de reunión masiva (balnearios, hoteles, playas), sino al corazón mismo de los valores de la cultura occidental, fíjense en la fecha del atentado en Niza: 14 de julio (14-J), Día Nacional de Francia o Fiesta de la Federación, 227 aniversario de la toma de la Bastilla con la que inició la Revolución de 1789 que, como onda expansiva, arrojó al mundo libertad, igualdad y solidaridad.

¿Por qué Niza? Esta ciudad mediterránea es la capital de la Riviera francesa y centro turístico de la Costa Azul. Es considerada la ciudad menos francesa de Francia por su cosmopolitismo (la habitan muchos extranjeros), sus raíces italianas (se anexó a Francia hasta 1860) y por su espacio más emblemático llamado “Paseo de los ingleses” (construido por la comunidad británica en el siglo XIX), precisamente donde ocurrió el atentado del 14-J. En ella existe gran descontento por el desempleo y la inmigración magrebí, y se ha arraigado un excesivo sentimiento antimusulmán propagado por el ultraderechista y xenófobo Frente Nacional de Marine Le-Pen. Valga decir también que Niza es cuna del héroe de la unificación de Italia en 1870, Giuseppe Garibaldi, y del Premio Nobel de Literatura 2008, Jean-Marie Gustave Le Clézio, ambos ligados a México (el nieto de Garibaldi, Peppino, luchó al lado de Madero en la Revolución de 1910 y dio nombre a la plaza de mariachis más importante del DF; el segundo vivió en Michoacán y escribió varios ensayos sobre México).

El Estado Islámico (EI) se adjudicó el atentado, tal vez para aprovechar la ola propagandística generada. Un informe del Centro Internacional Contra el Terrorismo (ICCT) de La Haya, Holanda, calcula que milicianos de 90 países nutren al EI, el cual tendría de 20 mil a 30 mil combatientes activos, la mayoría de Túnez (unos 6 mil), por ello no me sorprende que el chofer del camión que mató a 84 personas e hirió a 200 (hasta el momento), fuera ciudadano francés originario de Túnez. De los grupos yihadistas más nutridos también destacan los de China (3 mil), Arabia Saudita (2,500), Jordania (2 mil), Rusia (1,700), Marruecos (1,500) y Turquía (1,300). Pero más me sorprenden los jóvenes europeos que han engrosado las filas del EI, entre ellos 1,450 británicos, 800 alemanes, 450 belgas y casi 2 mil franceses, cometiendo actos terroristas.

La pregunta sobre qué orilla a los jóvenes árabes musulmanes a cometer actos terroristas en Europa tiene respuestas más certeras (pobreza, desigualdad, marginación, pocas oportunidades de integración, agresiones y expolio a sus países de origen) que la pregunta sobre qué orilla a los jóvenes europeos, convertidos muchos de ellos al Islam, a sembrar terror en su propio continente, pero al menos tiene que ver con la falta de oportunidades, el deterioro del estado de bienestar, su adoctrinamiento vía internet en la ideología yihadista y una fe cristiana que no llena sus necesidades espirituales. A todos esos jóvenes deben enfocar sus esfuerzos el presidente Hollande y sus pares europeos, brindándoles oportunidades de desarrollo, empleo y educación; haciéndoles sentir plenamente la cultura occidental y sus herederas la libertad, la igualdad y la solidaridad; ofreciéndoles un futuro más promisorio que el que hasta el momento han tenido sus padres. No es tirando más bombas sobre Irak y Siria como solucionarán el problema del terrorismo.

Agradecimiento: a El Sol de Toluca y a los lectores de esta columna por haber soportado las opiniones de un servidor durante un año. Gracias.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Este artículo fue publicado el día 21 de julio de 2016 en el periodicologo-sol-de-toluca

El México no siempre fiel

No se puede pedir a una institución como la iglesia católica, y menos a sus jerarcas, que de un día para otro cambien un pensamiento que han sostenido durante siglos. En el tema de los matrimonios entre parejas homosexuales, igualitarios o como se les quiera llamar, aunque el Papa Francisco “no juzga” a los homosexuales, considera estas uniones como una “tragedia humana”. Y la jerarquía católica mexicana no se ha quedado atrás mostrando su intolerancia hacia éstas. Ello habla de una iglesia que sigue viviendo en el pasado y sin deseos de ponerse al día, con todo y las posturas progresistas del Papa.

En 1980 el 93% de la población mexicana se dijo católica. Para 1990 la cifra bajó a 90% y una década después al 88%. El último Censo del 2010 indica que sólo 83% de mexicanos son católicos. Este descenso de fieles sucede durante el Pontificado de uno de los Papas más carismáticos y viajeros de la historia: Juan Pablo II, el primero que vino a México en 1979 (y lo haría 4 veces más). Alguien podría argumentar, con razón, que en términos absolutos no es lo mismo el 93% de católicos de 1980, que representaban 62 millones, que el 83% de 2010, que representan 93 millones, es decir 31 millones de fieles más. No obstante el antropólogo Elio Masferrer estima, con base en cifras aportadas por la misma iglesia, que los verdaderos católicos, los que van a misa, reciben servicios espirituales y sacramentos con regularidad, son sólo el 46% de los mexicanos, 51 millones, cifra menor a los católicos de 1980. Probablemente la tendencia a la baja se mantendrá en el próximo Censo, el cual reflejará el Pontificado de otro Papa carismático y, además, latinoamericano: Francisco I.

Ahora bien, a pesar del descenso de fieles, los jerarcas católicos continuarán manteniendo su poder y privilegios terrenales, así como su influencia ante los gobiernos. Pero difícilmente mantendrán su autoridad celestial en la mayoría de los mexicanos, si continúan pretendiendo imponer al Estado y a la sociedad entera su doctrina y valores particulares que incluyen reglas civiles respecto del matrimonio; si mantienen actitudes de intolerancia y discriminación hacia grupos vulnerables como la comunidad LGBTTTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Trasvesti, Transgénero, Intersexual y cualquier otra categoría que se acumule); si niegan a esta minoría el derecho a un matrimonio convencional, como lo tiene la mayoría heterosexual. Podrán ver la “paja en el ojo ajeno” de los homosexuales que exigen su derecho a contraer matrimonio, pero eso les impedirá ver “la viga en el suyo” al no castigar las conductas pederastas de sus propios sacerdotes (por las cuales merecen arder en el Infierno). Y podrán presumir que sus alianzas con otras iglesias y el voto de castigo católico fueron decisivos en la derrota del PRI de Peña Nieto en las pasadas elecciones por haber promovido los matrimonios igualitarios, pero lo que es seguro es que no es haciendo política como recuperarán “votos” para su causa espiritual.

Además se sobredimensiona la influencia política de los católicos pues según Masferrer el voto de castigo también y, sobre todo, se debió a los evangélicos conservadores. En cualquier caso sería mejor que la jerarquía católica dedique sus esfuerzos a modernizarse para que vuelva a ser atractiva a aquellas almas que no encuentran consuelo en esta iglesia anquilosada e intolerante. El descenso de fieles y el crecimiento que han tenido grupos evangélicos pentecostales e individuos sin religión, hacen que la frase acuñada por Juan Pablo II hace 37 años, “México siempre fiel”, tenga cada vez menos sentido

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com

Etse artículo fue publicado el día 14 de julio de 20116 en el periódico logo-sol-de-toluca